El miedo con un plumífero es sacarlo de la lavadora hecho un trapo apelmazado, con las plumas amontonadas en una esquina. Tiene fácil solución: el secreto no está tanto en el lavado como en el secado.
Antes de lavar
- Mira la etiqueta. La mayoría de plumíferos (de plumón natural o de fibra sintética) se pueden lavar a máquina. Si pone “limpieza en seco”, respétalo.
- Cierra cremalleras y velcros, y dale la vuelta (del revés).
- Si hay manchas en cuello o puños, trátalas antes (ver guía de manchas).
El lavado
- Programa delicado, en frío o 30 °C, centrifugado suave.
- Detergente suave o específico para plumón. Poca cantidad.
- Nada de suavizante: apelmaza las plumas y les quita el poder aislante.
- Si tu lavadora lo permite, añade un aclarado extra para que no quede jabón dentro del relleno.
El secado (aquí está el truco)
Un plumífero no se seca bien al aire: las plumas se quedan húmedas, se apelmazan y pueden oler. Lo que de verdad funciona:
- Secadora a temperatura baja, ciclo largo.
- Mete 2-3 pelotas de secado (o pelotas de tenis limpias). Al golpear el plumífero mientras gira, rompen los grumos y devuelven el aire a las plumas. Quedan esponjosas otra vez.
- Sácalo varias veces durante el secado y sacúdelo con las manos para repartir el relleno.
Paciencia: tarda bastante en secar del todo por dentro. Asegúrate de que no queda nada de humedad antes de guardarlo.
Si no cabe en tu lavadora
Los plumíferos gruesos y los abrigos largos ocupan mucho. Si el tuyo no entra holgado en tu lavadora, usa una máquina grande de lavandería autoservicio, que además tiene secadoras amplias para el truco de las pelotas. Busca una en el mapa. El mismo método sirve para edredones y nórdicos de plumón.